Hace bastante tiempo que los vecinos de Ayerbe conocemos la precariedad de las cuentas municipales. No es nada nuevo que en todo el país se está sufriendo una crisis y que las malas gestiones del dinero público han sido el mayor ingrediente que nos ha llevado a ella. Gobernantes sin escrúpulos y sin cabeza que con aires de grandeza prometían sueños utópicos.
Ayerbe, en esa locura política colectiva se le ocurrió la brillante idea de crear una Sociedad de Gestión Municipal que llevara a cabo los proyectos de la sinrazón.
Todos veíamos que no era normal el movimiento urbanístico que existía en nuestro pueblo, pero hubo difererntes lecturas y la gente opinaba desde fuera lo que se gestionaba desde dentro. Parecía que algo gordo se movía y que si se invertía ese dinero es que había alguna información privilegiada de que en Ayerbe se iba a montar algo a lo grande. No se sabía qué, pero no iba a existir tanto movimiento sin que tuvieran las cosas bien seguras. Había gente que no lo veía claro, pero nadie hizo nada para exigir trasparencia en nada. Nadie se atrevió a ponerle el cascabel al gato, y en esto tenemos que hacer un acto de reflexión TODOS y cada uno de los vecinos, porque no se puede criticar y dejarlo en la crítica sin hacer nada.
Ahora sufrimos las consecuencias de todo aquello. No hay que acusar a nadie y todos somos culpables. Sirva como aprendizaje de que nuestro pueblo lo tenemos que defender los Ayerbenses, primero desde las urnas y después desde el seguimiento de las gestiones.
Según publica el Heraldo de Aragón con fecha 14 de Octubre de 2012, con un capital inicial de solo 3.010 euros, la Sociedad de Gestión
Municipal de Ayerbe ha acumulado en siete años una deuda de más de
700.000 euros que no han dejado otra salida al Ayuntamiento, accionista
único, que presentar un concurso de acreedores. Acuciada por las deudas y
embargos, la escasa actividad de la empresa pública se ha saldado con
un balance desastroso que, además, podría poner contra las cuerdas las
finanzas locales.
De ahora en adelante, además de hablar y opinar, debemos procurar que no vuelva a ocurrir una situación semejante. Hemos de ser críticos, pero también activos. Si tomamos una actitud vigilante hacia nuestro pueblo, todos saldremos ganando.
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